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Amigos, amigas. Rotafonia fue un proyecto bonito que nació con mucha ilusión, pero que acabó muriendo ahogado en el mar de tarea que tuve cuando lo inicié. Como nunca he sido amigo de resucitar a los muertos salvo si se trata de desatar un apocalipsis zombie, he abierto un nuevo blog dedicado a la fonética con una nueva perspectiva mucho más clara:

FRIKITIVAS – La fonética explicada a los frikis.

No hay dudas, ¿verdad? En Frikitivas podéis seguir de cerca la incursión de la fonética en lo más freak de lo freak. Ya os lo digo yo, será divertido. Y ahora no dejaré que muera, que me gusta mucho cómo está quedando. Así que no os lo perdáis… ¡Despedíos de Rotafonia y pasad por Frikitivas!

¡Muchas gracias a todos por el apoyo!

 

 

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¿Alguna vez habéis tomado un yogur natural? No azucarado, no: natural. Cuando era pequeño, tomar una cucharada de yogur natural era para mí peor que cualquier medicina que pudieran hacerme tragar. Siempre he pensado que el yogur natural era la base. Luego le ponías un par de cucharadas de azúcar, y la cosa mejoraba considerablemente. Y yo me imaginaba que, después del azúcar, ya le podías añadir batido de fresa, o de plátano, y ya salían los sabores.

Pues más o menos eso es la fonología natural. Una teoría muy abstracta (como si la fonología no lo fuera ya de manera intrínseca) y un poco difícil de tragar, que por sí misma es incapaz de definir ninguna lengua en concreto (profesora dixit), pero sobre la que se asientan las descripciones fonológicas de todos los sistemas lingüísticos. El primer día de clase, la profesora nos dijo que estuviéramos pensando constantemente en algún ejemplo concreto, y la verdad es que decirnos eso fue un acierto. De no haber sido así, más de uno hubiéramos desconectado a los 15 minutos de la primera clase. Un punto para ella.

Comprendo que esta entrada no es para todos los paladares… para empezar, el concepto de “fonología” se escapa un poco, ¿no? Se nos escapa a nosotros, que estamos en ello… En fin, me concedo la licencia de especializar un poco esto por esta vez y dejar aquí el “chiste” para los que lo pillen. No os perocupéis, pronto explicaré qué diablos es eso de “fonología”.

Fonología natural: por algún sitio hay que empezar

Hace poco, hablando de sufijos y raíces griegas usadas en español, una amiga me propuso escribir un post al respecto de una palabra que salió. Si un “filólogo” es una persona que ama (filo) las palabras (logo), una persona que ama a un filólogo es un filologófilo. Siguiendo con ese razonamiento, llegamos a la conclusión de que quien ama a un fonetista es un… sí: fonetistófilo. O fonetistófila, para él y para ella. ¿Cómo puede una palabra con un significado tan bonito sonar tan a señora griega ultra chunga? Así que salió el debate, y una compañera del máster me propuso escribir en el blog sobre amor y fonética.

¿Y qué tiene que ver el amor con la fonética? Puf, si ya es complicado definir el amor por sí mismo, relacionarlo con la fonética puede resultar considerablemente arduo. Pero a lo largo de la historia de la disciplina, muchos de los estudiosos han resultado ser extremadamente soñadores. Casi es un requisito imprescindible para dedicarte a esto de los soniditos, porque si no sueñas, no conseguirás avanzar (bueno, en el mundo de los soniditos y en casi cualquiera). Pero antes de ver qué hace la fonética en el amor, se me ocurre que podemos empezar por ver qué hace el amor con la fonética. Y así tenemos párrafos tan maravillosos como este de Lolita, de Vladimir Nabokov:

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes.

Nadie ha descrito nunca de manera tan encantadora la secuencia de consonantes alveolares rematadas con una dental que conforman el nombre de la protagonista. Porque, y no lo olvidemos, el habla no es la función primaria de ningún órgano del cuerpo humano. La función primaria de la laringe es respirar, y la función primaria de la lengua es ayudar en la deglución, porque comer resulta ser más importante que hablar (sí, tampoco vamos a ser más papistas que el papa). Pero en este párrafo (el principio de la obra, por cierto), Nabokov imprime a la lengua (al órgano, no al idioma) una tremenda connotación sensual por partida doble. Primero, por ese “viaje” que emprende, el movimiento, el baile; segundo, porque es la lengua la que produce el cuerpo del deseo: [lo]-[li]-[ta].

El juego con la boca ha dado mucho que decir en la literatura romántica, tanto la escrita como la personal. Al fin y al cabo, la boca tiene lengua, tiene labios, tiene dientes, y susurra palabras al oído. Susurros… ¿qué es un susurro? Aquí va una curiosidad. Hay sonidos que solo se distinguen por un rasgo: la sonoridad. Por ejemplo, el sonido [p] y el sonido [b] son exactamente iguales salvo por que en el primero no vibran las cuerdas vocales y en el segundo sí. Durante un susurro, lo que hacemos es abrir las cuerdas vocales para dejar salir el aire sin trabas, por lo que las cuerdas vocales no vibran. Entonces, cuando susurramos, ¿cómo somos capaces de distinguirlos? La verdad es que no está muy claro. Parece que se potencian otras cosas, pero, en cualquier caso, la diferencia sordo / sonoro no puede ser la única que nos ayude a distinguir [p] de [b].

Pero no nos perdamos en tecnicismos. Sigamos con el romanticismo. Uno de los principales estudiosos de la sílaba en español, Harris, en la introducción de su tratado, comenta que cuando empezó a estudiarla, sus colegas le preguntaron que a santo de qué se metía en esos berenjenales. Su respuesta fue muy simple: because it’s there. Porque está ahí. Es como el alpinista que decide subir una montaña. Si va a terminar bajándola… ¿para qué? Pues porque tiene presencia en el mundo. Y desde que leí esa frase, cada vez que me veo en una situación así, la aplico. ¿A alguien le suenan preguntas de ese estilo? “¿Por qué me meto en estos jaleos?”, “¿quién me manda a mí?”, “qué complicado parece todo”… Pues sí, a veces las cosas parecen complicadas al principio (sobre todo cuando hay amor de por medio). Y todo son inconvenientes, problemas, y en muchas ocasiones, vemos esa montaña y decidimos no subirla. Pero cuando tomamos el riesgo… bueno. Es cierto que la teoría de Harris quizá no sea la mejor respecto a la sílaba. Y es cierto que generalmente, nos ponemos a subir una montaña y no llegamos hasta arriba, nos quedamos a medio camino, o empieza a llover torrencialmente y tenemos que volver y dejarlo para otra ocasión. Pero el mero hecho de tener el coraje de dar ese primer paso ya dice mucho de una persona. Y, por eso, Harris me cae bien.

En fin, ya veis. No voy a hablar ahora de las características de la voz de una persona enamorada. Sería un experimento muy interesante… pero a ver quién tiene narices a hacer mediciones al respecto (¿muy enamorado? ¿Poco? ¿Más? ¿Menos?), y a ver cómo diablos “provocas” esa situación en un laboratorio. Supongo que, al final, no hace falta hacer esas mediciones. Durante la primera sesión del máster, nos explicaron que el ser humano no habla solo con el aparato fonador. Hablamos con todo el cuerpo, y me da la sensación de que esto es aún más así si de lo que hablamos es de amor.

 

Quería evitar poner corazones en este post... pero no ha habido manera de librarse

Creo que también somos capaces de escuchar con todo el cuerpo. Hay estímulos con los que estamos más o menos sintonizados, y cuando la voz de una persona está pintada de amor, es fácil que el que escucha se dé cuenta (especialmente si es el receptor… o quizá no). No con los oídos necesariamente. Ese susurro que te eriza la piel, o esas palabras que saben a caramelo… No nos son metáforas ajenas. Todos las conocemos, y todos las hemos usado, aún sin ser tan sinestésicos como afirmaba ser Nabokov. Sabemos que los sonidos tienen sabor, olor, colores, son fríos o ardientes…

En definitiva, yo diría que la fonética tiene mucho que decir en el amor. Y también a la inversa, claro que sí. Ambos necesitan pasión, dedicación, constancia, gusto… y de ambos podemos decir que nadie tiene muy claro lo que son. Parece que habrá que seguir investigando en ambas direcciones :)

Hoy os traigo una cosa chula. Todos los que hemos estudiado fonética alguna vez y hemos querido hacer cosillas con el ordenador, nos hemos encontrado con la pesadilla de tener que insertar los símbolos uno a uno desde menúes o cosas así, en lugar de poder hacerlo directamente desde el teclado. Algunos, los más osados, se crean macros o atajos de teclado desde Word para poder trabajar con esas combinaciones, pero generalmente este sistema implica pulsar Ctrl + Alt + algo, y eso acaba cansando. Sobre todo a la hora de hacer transcripciones de cosas de más de siete símbolos.

Pues nada, resulta que tengo una compañera del máster que es muy apañada con estas cosas de la informática y tal, y se montó un teclado que palia estas deficiencias. ¿Alguna vez habéis instalado un teclado secundario? Es eso que sale (en Windows) abajo a la derecha, al lado de la cosita donde pone “ES”. En definitiva, lo que tenéis aquí es una configuración preparada para el teclado gracias a la que podéis insertar símbolos fonéticos (con diacríticos y todo) con relativa facilidad. Solo tenéis que leer los dos pdf que se incluyen: uno, el primero, es la guía de instalación (muy facilita). El segundo es una relación de las combinaciones de teclas necesarias para insertar cada símbolo. Y ya está =) ¡A transcribir como locos! Lo subo a Megaupload, que WordPress no me deja subir archivos rar. Cosas que tiene la vida… ¡Aquí va el enlace!

http://www.megaupload.com/?d=634A0MBP

Por cierto, lejos de mi intención atribuirme el mérito o negar el mérito de quien se lo ha currado; todo lo contrario, he dejado un párrafo entero para honrarla como se merece. No perdáis de vista el nombre de la autora, Claudia Colomés, que seguro que da mucho que hablar en el mundo de la fonética experimental y las tecnologías del habla. Quizá también dé que hablar en el mundo de la papiroflexia… pero ese es otro tema. ¿Una pequeña demostración?

Transcribir es fácil = [tɾanskɾiˈβ̞iɾesˈfaθil]

Bueno, los acentos primarios se ven un poco chungos aquí, pero os prometo que en Word salen de maravilla ¡Ah! Antes de que se me olvide, dos consejos: el primero, quizá sería bueno que instalarais la fuente Charis Sil, que tiene los símbolos que hacen falta. El segundo, para cambiar rápidamente de teclado sin tener que ir al botoncito que os he dicho antes constantemente, basta con presionar Ctrl + Shift. También fácil. Ya veis, cosas sencillitas y útiles amigos, que todos podemos disfrutar con los materiales que tenemos por casa. Uy no, esto era de otro programa…

Qué complicada es la anatomía, ¿verdad? Yo no sé de quién fue la idea, pero el caso es que yo me llamo Rubén, como persona completa, pero cada una de mis partes tiene un nombre tremendamente complicado. Que si cariótida, que si ventrículos, que si cuádriceps… ¿no podríamos llamar a los huesos “Hueso uno”, “Hueso dos”…? ¿Y a los músculos igual? No sé, ponernos de acuerdo y decir “pues el que esté más arriba, el uno, y de ahí hasta abajo”. Pero no, arriba tenemos el cráneo, y abajo las falanges de los dedos del pie. Maravilloso.

Como todo esto es un rollo de aprender, se me ha ocurrido que podemos simplificarlo un poco añadiéndole el punto manual. Ya sabéis, a veces lo de alternar estímulos resulta beneficioso para el aprendizaje, así que si en lugar de darle solo al coco le damos también a las manos, quizá resulte más sencillo. Para ello, he rescatado un trabajillo de clase que nos propuso la profesora Carme de la Mota, de la UAB, durante el curso que estuve allí, y que me resultó tremendamente entretenido a la par que interesante: construye tu propia laringe.

Sin más preámbulos, os dejo la plantilla en pdf que sirve para construir una laringe de papel. Siempre me ha encantado la papiroflexia, y creedme, realmente sirve para memorizar las partes de la laringe (son cuatro cosas… quizá debería haber vuelto a hacerla antes del examen que tuve al respecto).

¡Construye tu propia laringe!

Por supuesto, la plantilla no es mía. La podéis descargar también desde la página de Vocal Process, unos tipos muy majos que se dedican a temas de voz. Os dejo el enlace a su web:

http://www.vocalprocess.co.uk/resources_1.htm

Y para los más torpes (no voy a dar nombres, pero sé que más de uno lo agradecerá) también me he encontrado un video donde un señor (muy majo también, sin duda) nos explica cómo construir el aparatito paso a paso. ¡Más fácil imposible!

Si os animáis a hacerla, no dejéis de enviar vuestros resultados a rotafonia@gmail.com, que quizá publiquemos las mejores. No sé si habrá premios… pero seguro que todos nos reímos un rato.

 

Nadie ha visto juntos nunca a Clark Kent y a Superman. Y nunca lo harán. Vale, tampoco a Peter Parker y Spiderman, o Bruce Wayne y Batman, pero para mi caso queda mejor Superman, de verdad. En fin, decíamos que nadie ha visto nunca a los dos juntos. Uno de ellos es un super héroe de colosales poderes ultra cósmicos de la leche, y el otro es un periodistilla de tres al cuarto en el Daily Planet. Pasando por alto lo mucho que pueden cambiar a uno unas gafas y un peinado raro, estos dos personajes jamás se van a encontrar en una misma habitación.

Por tanto, sabemos que cuando hablamos de Superman estamos hablando de Clark, pero no exactamente; y sabemos que cuando hablamos del señor Kent, estamos hablando del superhombre, pero tampoco exactamente. Hay algo ahí, entre medias que los une a los dos. Una identidad que no sabemos quién es, que no es nadie, que es abstracta, pero que está ahí para conformar la doble personalidad de este personaje. Es un nivel superior, una personalidad que une a los dos. Porque describiendo la vida de Clark Kent, por muy finísimamente que lo hagamos, no daremos cuenta de todas las hazañas heroicas del hombre de los calzones rojos; y viceversa, al relatar las hazañas del hombre de acero, quedarán fuera todos los entresijos periodísticos del otro.

Pero ¡ajá! Nosotros sabemos que los dos son el mismo. ¿Y quién es ese mismo? Insisto: no lo sabemos, porque ni es Clark Kent ni es Superman. Uno tiene unas características, otro tiene otras, pero ambos se parecen una barbaridad. Ocurre que nunca, jamás, aparecerán en el mismo sitio. Pues lo mismo pasa en fonética, amigos. Imaginad que tenemos un fonema, al que llamaremos /s/. Este fonema /s/, en castellano, se realiza de dos formas: [s] y [z], es decir, una versión sorda, donde las cuerdas vocales no vibran, y otra versión sonora, con las cuerdas vocales en modo good vibrations. Lo más divertido de estas dos consonantes es, precisamente, el punto fuerte de todo lo expuesto hasta ahora: nunca aparecerán en el mismo sitio. Nunca veremos a [s] tomarse unas cañas con [z], porque su amor es imposible, condenadas a no encontrarse jamás. [z] solo aparecerá antes de cualquier consonante sonora (bueno, hay dudas a este respecto, pero de momento es la convención). En el resto de contextos, tendremos [s]. Y nunca* tendremos [s] sorda antes de consonante sonora.

Así que, no nos encontraremos* palabras como [‘kaza] (“casa” pero con [z]), o [‘asno] (cuando debería ser [‘azno], con sonora, porque [n] es sonora). Para ilustrar el tema, creo que esto lo representa bien:

Dicho esto, solo queda añadir un poquito de terminología. Esa entidad abstracta, esa /s/ que en realidad no existe, es lo que llamamos fonema (hemos hablado del fonema /s/, pero ya sabemos que hay muchos otros, como /f/, /l/ o /a/). Un fonema tiene unas características (en este caso, es alveolar, y es fricativo) que reparte a sus dos personalidades. Y esas múltiples personalidades, que pueden ser dos o pueden ser más, se llaman alófonos, y además de los rasgos que aporta el fonema /s/ (alveolar y fricativo), se distinguen entre sí porque uno es sonoro ([z]) y otro es sordo ([s]).

Ahora, lo que muchos os estaréis preguntando (o no)… entonces, si las dos son realizaciones distintas de un mismo fonema abstracto, ¿por qué el fonema es /s/ y no es /z/? ¿Por qué el cómic se llama “Superman” y no “Clark Kent”? ¿Qué hace que gane uno respecto a otro? Pues ya lo hemos visto: mientras que [z] solo aparece cuando está delante de consonante sonora, el héroe, nuestro superman, [s], aparece en todos los demás contextos. Son igual de necesarios para el habla, pero aparece más veces [s]. Después de tanto trabajo como es salvar el mundo (frente a ser periodista, que es otra forma de salvar el mundo cuando se hace bien), supongo que lo menos que se merece es que el cómic lleve su nombre en letras grandes y bonitas, ¿no?

En fin, espero que si se pasa algún grande de la fonética por aquí, no juzgue muy duramente mis explicaciones. Ya sabéis que desde Rotafonia, creemos que es necesario que los hablantes se den cuenta de cómo hablan sin necesidad de entrar en conceptos demasiado complejos. Ya veis que esto es facilito, no hay necesidad de enredarlo más. Como siempre, si queda alguna duda o alguien quiere ampliar más… ¡se abre la veda para el debate!

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* En fonética, como en todo, decir NUNCA es algo demasiado fuerte. Por supuesto que puede haber gente que realice estas pronunciaciones en momentos puntuales, pero la tendencia, lo esperable, es esto. Nuestro papel como fonetistas es describir esto de la mejor manera posible, comprobar esa tendencia, y ser capaces de predecir. Pero lo maravilloso de todo esto es que cada uno es un mundo (y, aún así, ¡¡nos entendemos!!).

Resulta que, aparte de con una sonrisa, con más ánimo que el que venía arrastrando hasta ahora y con más ganas de las que he tenido jamás por hacer cosas, he empezado el año con un resfriado de aúpa. Uno de esos que te impiden respirar, y como no puedes respirar, pues no comes, porque tienes que respirar, y como no comes, estás débil. Aparte, quien escribe estas palabras es un poco idiota, y tiene debilidad por la lluvia, así que no se le ocurre otra cosa que salir a mojarse en el mejor momento. Con un café caliente, eso sí, que aunque no sustituya al paraguas, propicia una agradable sensación de calidez entre tanto ataque gélido.

Pero la vida es dura, familia, y todos tenemos trabajos. Como, además, mi trabajo me encanta, no me ha costado demasiado espabilarme esta mañana, salir de la cama y venir a darle caña a la fonética. Y estar aquí esta mañana me ha hecho pensar en todas las cosas que se ponen en contra de un fonetista a la hora de hacer su trabajo. Porque es un trabajo, como otro cualquiera, que tiene sus pegas. Y quizá no sea buena idea empezar un blog hablando de las cosas malas de la disciplina en concreto, pero hay que afrontarlo. La vida es así, familia.

5.- Estás enfermo. Te duele la cabeza, tienes los oídos y la nariz taponada, los ojos se te cierran y la fiebre no ayuda. Nadie quiere trabajar en estas condiciones, lo sé. Pero ahora probad a encasquetaros unos auriculares a todo trapo y tratad de diferenciar una [n] de una [m]. No hay droga que pueda con el dolor de cabeza, y cuando te quieres dar cuenta tienes los ojos cerrados para escuchar mejor, y… en fin, mejor no dormirse. Sumad a todo esto el hecho de que tienes que parar cada vez que estornudas o te suenas los mocos, y obtienes una pérdida de tiempo más que considerable.

4.- Te acostumbras a la mentira. Otro día hablaré de las maravillosas excusas que hay que dar a los informantes de un trabajo de fonética, pero nunca puedes decirles qué estás estudiando. Porque la gente es muy maja (lo digo en serio, no es un uso sutil de mi fina ironía habitual), y si les dices que vas a estudiar las vocales, te van a hacer unas aes tan maravillosas que no te van a servir de nada, porque no son naturales. Apuntadme para otro día una lista de mentirijillas. No tienen desperdicio.

3.- No puedes escuchar música. Y yo, sin música, no soy persona. Pero claro, si ya es complicado distinguir una [m] de una [n] en según qué contextos, intenta hacerlo con la banda sonora de Star Wars de fondo. Un fonetista necesita silencio, tranquilidad, calma… justo lo contrario de lo que necesito yo para trabajar.

2.- Sordo. Te quedas sordo, si no es a un nivel, es a otro. Bien puede pasar que empieces a perder capacidad auditiva de tanto machacar las orejitas, que empiezas a escuchar tantos matices y tantos rasgos que los árboles no te dejan ver el bosque. Hay que cuidar mucho los oídos, sí, como cualquier trabajador tiene que cuidar sus herramientas.

1.- Y el primer puesto de inclemencias del fonetista se lo lleva la consabida preguntilla: “¿y eso para qué sirve?”. Urrr, qué rabia… Acabas resignándote y contestando cualquier burrada, del tipo “¿y para qué sirve el derecho?”. Acto seguido, y eso es lo peor, la persona en concreto saca su smartphone y utiliza la marcación por voz. O enchufa el GPS para que le vaya diciendo cómo llegar a su destino. O resulta que tiene prisa por llevar al niño al logopeda, o se ríe porque tal canción es un plagio de tal otra. Urrr, qué rabia…

Esto es lo malo. A partir de aquí, todo lo que venga será bueno, o me veré obligado a modificar esta lista. ¡Solo queda disfrutar!

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